Historia de un Guerrero

Mario Navas (February 22, 2009, 9:33 pm)

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¿Quieres oír la historia del

Guerrero TENCHIN-JAN? – Está bien, siéntate y leamos…

En un lugar muy extraño, un joven guerrero había sido elegido para dirigir la confrontación más decisiva en su vida.

Cierta tarde, el joven meditaba sobre cuál podría ser la mejor estrategia para enfrentar al enemigo. El silencio era absoluto, su halcón llegaba en ese momento del reconocimiento al que había sido enviado, traía en su pata derecha seis lombrices, ellas representaban la unidad de avanzada que estaba acercándose al campamento. Si sólo hubiese llegado con una en su pata izquierda ello representaría que la cantidad de hombres suponían un grave riesgo y que debían tomar inmediatamente posiciones de defensa. De igual forma, si cortaba en dos las lombrices con su pico esto querría decir que ya estaban muy cerca. Un campamento de cuatro integrantes era blanco fácil.

Al ver las señales de su halcón dijo en voz alta “¡Han enviado su unidad de reconocimiento, son seis los que se acercan. Compañeros, es momento de ponernos en pie. Vienen en camino!

De inmediato comenzaron a prepararse para el enfrentamiento, espadas y escudos fueron tomados fuertemente entre sus manos, sudaban. Estaban enterados de la fortaleza de este enemigo, no lo conocían, nunca lo habían visto pero sí habían oído mucho de él, del entrenamiento que había recibido. Era de los más fuertes y exigentes.

Toda su preparación siempre había sido pensada para enfrentar este momento, el encuentro que estaba comenzando era algo decisivo. En ese instante el guerrero pronunció una palabra con gran convicción,

¡VENCEREMOS!

Se miraron entre los cuatro, entendiendo que sí, que tenían todo para lograrlo, rapidez, inteligencia, fuerza y ahora un líder. Porque sus tres compañeros percibieron del guerrero que él podría ser su líder. El tono y la convicción de esa palabra los había hecho sentir confiados, vencedores, ¡seguros de poder ganar! Y eso era lo que más necesitan ahora mismo, ánimo, entereza, la convicción de estar allí, porque así habían decidido hacerlo, porque sintieron que enfrentándolo vencerían al más grande y fuerte oponente que pudieran pensar… ellos mismos. Ese era su reto.

Los hombres se acercaban, venían armados con sus grandes escudos y largas espadas dispuestos a vencer.

Todo era inminente, la confrontación se acercaba, ¡era cuestión de pocos minutos para que el brillo de la espada blandiéndose bajo el sol indicara que la lucha había comenzado!

¡Fue una entrega total en combate!, minutos que parecieron una eternidad fueron sitio para que el joven guerrero y sus compañeros lograran tomar el control de la situación, el control de sus manos sudorosas. Aún luego de vencer no podían dejar de temblar. ¡Lo habían logrado, habían conseguido controlar al enemigo!

Ninguno de los combatientes fue muerto, los que no entregaron lo mejor de sí fueron vencidos y relegados a un segundo lugar.

Luego de este combate el guerrero y sus compañeros siguieron caminando por todo el mundo enfrentando grandes y difíciles enemigos, grandes misiones a las que la vida los siguió enfrentando. Iban con la certeza no de siempre ganar, pero sí con la certeza que lo lograrían nuevamente si daban como ésta vez, siempre, lo mejor de sí. Lo mejor como personas, como soldados, como guerreros.

¿Te gustó hija? Es la historia de tu tío, el hermano que siempre he amado.
Ven, cerremos el libro, duerme y descansa que mañana será un nuevo día.
Te amo, dulces sueños.

“Los hombres se equivocan más a menudo por ser demasiados listos, que por ser demasiado buenos” - George Bernard Shaw
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